miércoles, 4 de junio de 2008

Vincent y Rubens


"...Rubens es asombroso en la pintura de hermosas mujeres ordinarias. Pero en la expresión no es dramático. ...especialmente que sus ocho figuras fornidas que realizan un esfuerzo con la pesada cruz de madera en la Elevación, me parecen absurdas desde el momento en que me coloco en el punto de vista del análisis moderno de las pasiones y de los sentimientos humanos. Sobre todo en sus expresiones de hombres (con excepción siempre de los retratos propiamente dichos), Rubens es superficial, hueco, hinchado, o sea, totalmente convencional y semejante a Jules Romain y otros pintores aún peores de la decadencia.

Sin embargo, Rubens me lleva a la exaltación, porque es precisamente él quien busca expresar y representar realmente -a pesar de que sus figuras sean a veces huecas- una atmósfera de júbilo, de serenidad, de dolor, por la combinación de los colores.

Así, hasta en la misma Elevación de la Cruz, la mancha blanca - el cadáver, con una fuerte intensidad de luz- es dramática en su relación de contraste con el resto, tratado en tintas oscuras."

Vincent

Amberes ( 1885 / 86)

6 comentarios:

Anónimo dijo...

En que quedamos? Le gusta Rubens a Vincent o no le gusta?

Nicolás

Carolina Araya dijo...

Querido Nicols, lea bien y se va a dar cuenta solito.

tejadosverdes dijo...

re maestra ciruela....

Peceirus dijo...

siempre me impresionó mas el impacto de los colores, que la fiel reproduccion de la realidad carente de sentido. Por supuesto que si vincent!!!

Anónimo dijo...

No podría estar más de acuerdo. Se nota que es usted un erudito.
Creo que no ha habido nadie en toda la historia que haya pintado unos cuerpos más huecos que los de rubens.
Y el qeu piense que el cristo de descendiminto es todo carnalidad, o los cuerpos de las venus sensuales voluptuosos, palpitantes y, en definitiva, vivos, es un auténtico gilipollas.

Anónimo dijo...

Estimado Vincent,

Ante todo quisiera agradecerte la inspirada relación que has hecho de los valores objetivos que encuentras en la obra de Rubens.
Tengo que confesarte que he tenido que hacer verdaderos esfuerzos, mientras me absorbían tus palabras, para no dar rienda suelta a mi más instintiva hilaridad al ritmo que me introducía en ese pozo oscuro en el que tan sólo tu ignorancia parecía relucir.
Encontraría de todo punto complicado hallar asidero por dónde agarrar tamaño despropósito seudo-intelectual. Aún así y con todo, comenzaré por el principio.

Es cuanto menos aventurada esa afirmación sobre Rubens como pintor de hermosas mujeres "ordinarias". Catalogar de esta forma a, tal vez, uno de los exponentes más elevados de la vertiente clasicista del barroco flamenco; admirado en su tiempo por la elegante sofisticación de sus composiciones y la profunda densidad conceptual de su lenguaje alegórico, no deja de ser una memez.
Podríamos hallar influencias de esta sutil elegancia no sólo en sus discípulos directos como Van Dyck o Teniers, sino también en el mismísimo Velázquez (nombres que, supongo, os serán desconocidos tanto a Vincent, como a ti, mi querida “blogger”).
No deja de tener gracias eso de mujeres "ordinarias". Criterio extraído probablemente de una concienzuda comparación sopesada sobre valores estéticos extraídos probablemente del arrabal más sórdido poblado de rameras al que acudía nuestro solícito pintor...
Si ordinarias son Maria de Médicis, Juno, Afrodita o las figuras de las tres gracias, me siento apabullado por elevada elegancia de quien es tan fácil a la hora de juzgar.

En referencia a otro elevado fragmento en el que se habla sobre el análisis moderno de las pasiones y los sentimientos humanos podríamos extendernos también largamente. Parece que goza semejante teoría del beneplácito y el aplauso de nuestros ilustrados bloggers. Sin embargo, yo, ignorante de mí, desconocía la existencia de este barómetro infalible de las emociones. Quisiera disipasen mis dudas. ¿Se trata acaso de una teoría psicoanalítica inspirada en las tesis de Freud y Jung? ¿Es, tal vez, una reflexión acerca del gusto y las emociones tal como dilucidaban Baungarten o Winkelman? (Estos, queridos bloggers, no son jugadores de ningún equipo extranjero,…ni nacional) ¿No hallamos aquí ante un concepto emocional inspirado en la trascendencia de la angustia kiergegardiana? ¿Nos persiguen los espíritum animali cartesianos? Por si a alguno de nuestros intrépidos bloggers no se había dado cuneta todavía, hace varias palabras que he caído en la más desesperanzadas ironía, chufla y pedorreo como no merece menos semejante caldo de chorrez. No sólo por la inexistencia de una conclusión objetiva acerca de la existencia de semejante teoría sino por que habría que ver si es lícito y no fruto de una soberbia hipertrofiada pretender medir la valía de una obra de arte desde la perspectiva egoísta del yo de cada uno en el momento contemporáneo sin hacer el esfuerzo de retrotraerse a las circunstancias y a los sentires de la época. De ser eso así Vincent Van Gogh debería haber cogido todos y cada uno de sus cuadros por la letrina más pestilente dado que el único consenso que encontró a lo largo de toda su vida acerca de su obra fue el rechazo y la condena más absoluta.
De todas formas, y antes de despedirme, quisiera puntualizar que par alguien cuyos inicios de carrera fueron una desesperada búsqueda de emular a la escuela realista francesa sin conseguirlo, las conclusiones irreverentes y poco mesuradas de este artículo, por otro lado pésimamente escrito; solo podrían hallar, parafraseando a Jenófanes de Colofón, el aplauso en asnos que compartieran el mismo rebuzno.

Mis más afectuosos saludos

Lord James